viernes, 10 de octubre de 2008

Pierdo más de lo que tuve...

... y es que sólo conozco el final de la historia.

Un final agorero, cenizo, un final crápula y canalla, un final que se saborea y se lamenta. A veces creo en el dolor, y otras sé que sólo es una parada más. Y entonces miro al cielo, veo a alguien allá arriba, vigilando atento y confiado, sonriéndome. No es un mal final, después de todo, David Bowie aún me espera.


"El mar estaba rojo y el cielo gris,
me pregunté cómo podía haber un mañana para hoy.
Las montañas y los cañones empezaron a temblar y a sacudirse...
los hijos del Sol estaban despertándose".

domingo, 14 de septiembre de 2008

Dancing alone in the dark with Little Lulu

Sí, todo me pasa a mí. Yo soy el que sale en las noticias porque le tocó la lotería. Soy al que le roban después, y el que vuelve a casa en Navidad. Soy al que cierran la puerta en la cara, soy aquel sobre cuya tumba escupirán.

Soy ese hombre imberbe en un mundo de hombres altos, el que jamás deja propina, el que pide por las esquinas. Soy el que fui, tirado en una cama, abandonado entre seda. Solo en un callejón.

Los periódicos me nombran cada día, ustedes están hartos de ver mi foto. Soy ese hombre aburrido a quien dispararon, el que corrió delante de la policía. Soy el que suscribe y también quien lee, porque yo, amigo mío, también soy usted. Pero en sus más remotos pensamientos. Porque yo soy quien naufraga para ahogarse de viejo, el que necesita de la rutina, el que se queda bajo la lluvia.

Soy el necio y el que protesta, el hijo del jefe al que despidieron, soy, en resumen, un hombre sin suerte.
Ni suerte ni tino, pero soy el hombre de las mil oportunidades, el que se ve en el espejo, el que se asusta a sí mismo, el hombre tibio que pasa sin despistar. Porque yo, caballero, no soy usted. Yo soy a quien salpican y ladran, el que recoge su basura, el que tritura de día las noches, el que le sirve el champán cuando gana. Soy el que mira de lejos, el que pierde la cartera.

Soy el del abrigo gris, el turbante de seda. Quien elige si elegir el qué dirán o la montaña de ropa vieja. Soy quien ahora le mira desde un reflejo extraño, al que temen los niños, a quien la soledad adora.

Soy en sociedad, en público, soy ahora. Pero también en privado y soy el que desea ser, mañana. Aquel que duda, el que se embaraza, el simple que se cohíbe, el pudor en lata.

Soy la Bohemia como diosa escarlata, el botín, el pirata. El hombre que ruge, pero en silencio, el que mete la pata. Soy quien sabe que olvidó y olvidó quién sabe qué. Pero qué hombre soy, eso no lo niega nadie. Como que soy más que usted, si me lo permite.

Pero hay veces que ni soy, sólo dicen que debería hacerme ser. Qué le puedo hacer, yo sin mí, para qué.

Soy el dueño del rincón, el que se engaña. Soy a quien engañan las amantes con su bisón, su piel clara. El de la mirada limpia, el que no sabe qué es la ropa cara.

Soy quien afirma con un ladrillo en la mano, soy el peso de la responsabilidad, el incómodo señor del asiento de al lado. El que pierde el tren, el malhumorado.

Con todo sigo siendo quien envía cartas, quien recibe besos. El que siente, el que se disculpa, el que no es uno más de uno de esos. Soy quien lamenta no haber dicho, el que piensa por la escalera, el que cuenta los escalones.

Al que la luna elige, al que le guiñan las sonrisas, soy el hombre que sale en las revistas. Pero también soy hombre de contraportada, de peligro en mano. De ciento a mi lado volando, de pies en el suelo. De pie cuando estoy tumbado.

Porque yo soy a quien ves cruzar la calle, el que da de comer a las palomas, el que pide limosna, el que sueña con un Cadillac.

Soy el hombre que erró el tiro en el fusilamiento, a quien cogieron huyendo. Sí, de nuevo, soy hombre sin suerte, que vive y está muriendo.

He sido cúspide, llanura, he sido fondo. He vivido, muerto, he vuelto. Soy tanto que ya no soy nada. El que ha visto. El ciego.

Soy al que una vez dejaron morir solo. Y ya no quise ser nada más. Bailé contigo, diablo. Pero ahora soy quien dice... jamás.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Convivo con-muertos

A mi alrededor caminan cansados, discípulos mansos.

Cuando los observo asombrado, me parece ver un brillo curioso en sus ojos. Un brillo que apagan pronto, frotándose los párpados. Sí, allí estaba.

Los hay en bancos, sentados, esperando. Los hay vestidos de viejos, de putas, de malabares. Hay otros inconformistas con el clima, y también una que abraza demasiado a su niño.

En sus mentes una nube se llevó su arrebato. Su candez, su vivez. Dejó allí sandez de vivir, con regalos caros, joyas falsas. Sonrisas.


A veces basta el reflejo de una cerilla en la mirada, un sobre vacío, una mañana fría. Bastan para un asesino de palabras, un juntaletras que rompe hasta el aire.


A veces no soy yo, busco un disfraz mejor...

miércoles, 20 de agosto de 2008

"Romper un silencio así no tiene perdón"

- Hablas demasiado - le dijo, harto del sonido de esa voz.

- Eres tú, que no dices ni una palabra. No me gusta el silencio.

"Algún día aprenderá a escucharlo", se dijo el hombre, aburrido de esa voz estridente, aguda, de niño repelente. De niño de cuarenta y cinco años. "Esto no está hecho para ti. Esperar que ocurra algo, y ser hasta entonces un maniquí al viento, soso, apagado y sin vida".

De fondo, el chico seguía hablando.

"No todo es escuchar, supongo. Pero romper así el silencio..."

- Entonces va y me dice que qué hacía yo allí. ¿Puedes creerlo? ¡Yo! Si soy casi el dueño...

"Mientras el mundo duerme" era lo único que pensaba. "Mientras el mundo sueña tranquilamente, y un día más ha pasado, yo tengo que estar aquí, aguantando a este idiota".

El murmullo casi cesó, durante un segundo, lo justo como para tomar aliento y arremeter de nuevo.

"Esto tiene que acabar pronto... ¿no?"

- Por eso creo que tú y yo nos parecemos tanto.

"Eso sí que no".

- Mira, tú y yo no nos parecemos en nada, imbécil. Si quisiera parecerme a ti, cotorra de mierda, hablaría continuamente sin pensar lo que digo, y...

- Mira tú, chaval. Estamos en un coche de policía. Y yo no soy quien va detrás. Así que, como te decía...

"Esto no acabará nunca..." pensó, mientras le caía la cabeza hacia delante.


"Lo demás es silencio"

domingo, 27 de julio de 2008

Nadie, nunca, jamás

Nadie podrá en el mundo hacerme caer. Nadie será capaz de verme morir. Nadie habrá tan fuerte, pero sí tan dulce.

martes, 13 de mayo de 2008

Lo demás es silencio

Queremos que todo tenga un sentido. Que haya una consecuencia a nuestros actos. Mi vida importa, lo que haga con ella trascenderá de alguna forma. Queremos que mañana llegue.

Queremos pensar que mientras queramos, podremos cambiar el mundo, y que nunca llegará el momento de sentarse a ver pasar la vida. Sentarse e imaginar, ver, observar al resto. Ver el mundo que, ante nosotros, nos deja ver cómo es.

Queremos un nuevo amanecer cada día, y una noche estrellada antes de dormir. Pero lo cierto es que no dormimos bien. Lo cierto es que nos despertamos sin mirar al cielo.

Así que, qué importa. No hay futuro.

Al final te das cuenta. Ya es mañana.


One day, one room.

sábado, 5 de abril de 2008

Putas y revueltas

La señorita Tarántula, con paso decidido, invadió el camino. Ya se había acabado. ¡A la mierda esos gilipollas! Si no sabían entenderla, era su problema. Por su parte, ahora sólo quedaba dejarles claro quién podría lamerle qué parte de su cuerpo.

Desfiló de nuevo por la alfombra roja. Los flashes, locos por ella, se olvidaban del resto de invitados. Cuánto lo había echado de menos. "¡Chicos, chicos! Ni que nunca hubiérais visto auténtico glamour... - dijo sonriendo y mirando a la chica, rubia y con un vestido plateado, que se había quedado a su lado, con la boca abierta. Al pasar por allí, le golpeó con su boa de plumas negra, y siguió caminando, revolcándose en la luz, en las miradas, disfrutando por fin de volver a su espectáculo.

La anticipación hizo aún más sublime su entrada, cuando todo el mundo miraba hacia la puerta. "¡Ha llegado el premio de esta noche!" dijo abriendo los brazos. El resto de invitados no se atrevían a hablar, sólo la miraban, de hito en hito.
Un foco la iluminó. Empezó a cantar, acercándose a los señores de bien, escupiendo a los zapatitos con lazos de las niñas bobas. Besó a un hombre, acarició el pelo de un niño al que su madre, corriendo, apartó. Nadie se atrevía aún a moverse, con su voz vibrante en el aire.
Llegó al escenario, y subió poco a poco, con los últimos compases de la canción.
"Señoras. Señores. Soy el lado de ustedes que intentan ocultar. Les doy miedo, ¿verdad pequeño? - dijo sonriéndole al niño. Pero no tienes qué temer, tranquilo. Estoy aquí para guiarte. Puedo hacer de ti todo un caballero...
Pero, lamentablemente, antes debo dejarles claro al resto algo. Ya no soy quien era. Pueden olvidarse de aquellas corbatas. De aquellos maletines, y de tanto mentir. Por primera vez, estoy delante de ustedes. Cómo no, seguramente acabarán echándome de sus vidas.
Ojalá pudieran hacer lo mismo con sus mentes. Pero ya estoy ahí. Soy todos sus secretos".

Se sentó al borde del escenario, y con voz profunda y dulce, les dijo: "Soy la única verdad que veréis en vuestra vida".
Entonces volvió a levantarse, con los tacones clavándose en el suelo. Algunos, después de aquello, recuerdan que su cuerpo empezó a ascender, y creen que les vigila desde aquel momento, intentando obligarles a sentirse a gusto consigo mismos. Otros vieron como los de seguridad sacaron sus porras y la sacaron de allí a golpes, y si la hicieron volar, fue a patadas.

Nadie sabrá nunca que ella, allí, ya era inmortal, bajo la luz de los focos de la farándula con la que se atrevió a vivir.


"I'm just a Sweet Transvestite, from Transexual Transilvania"